
Cavilando en este ininterrumpido soliloquio, que se hizo presente en mí desde mis primeros despertares, mismo que es un factor recordante del nunca dormir inherente a mi existir y es el vínculo del equilibrio entre mi externo mundo circundante y el interno mundo en mi reinante.
Hoy, en el otoño de mi existir está tan vivo como al inicio de esta aventura del vivir.
Así este monólogo inicia en todo tiempo indistintamente desde mi yo interno o de mi visible y plausible yo externo a mí y es esa chispa divina que no muere, mi Yo soy, quien impide cargarme a uno u otro. Aquí y con esto surge con toda su fuerza y voluntad inquebrantable mi solilóquio y mi Yo soy ve sin ver lo que está oculto a los que duermen; veo en lo que consiste la libertad a la que todos tenemos derecho y que es escapar de la prisión en donde todos los presos hacen lo mismo. Traslado el escenario a mis bellas pinturas, me es por demás clara la sutil línea que separa aquello que es de lo que parece ser y no es. Lo que es libertad, del libertinaje. El arte, de la pornografía.
Así mi Yo soy con lágrimas de sangre, de ese Sagrado Hambledozin que llena el torrente sanguíneo del cuerpo exterior a mí, es quien concluye lo concluyente y dice en su lenguaje indescriptible para el mundo: “El libertinaje es hacer lo que queremos, creyendo que ser libre es auto complacerse”. “La libertad es hacer lo que debemos, nos guste o no, es ser libre para actuar y decidir sin buscar agradar, en realidad, sin esperar nada, sólo cumplir nuestro deber”.
De un tajo corta y con fuerza prosigue y dice: “El arte es un lenguaje universal que emula lo Divino, va dirigido a tocar las partes más internas del Ser y nos une y hermana”. “La pornografía por el contrario lejos de emular lo alto degrada a la humanidad y está dirigida a las partes más bajas del hombre externo y pretende usarlo, manipularlo y explotarlo”.
Aquí, para ustedes, no para mí, detengo mi pensar, dejando este testimonio de quien Soy.
Con mi corazón abierto.
Héctor Olvera
